Más de 900 Años de Historia

 

Héroe nacional por excelencia Rodrigo Díaz, el Cid, el más universal de los burgaleses, encarna el prototipo del caballero con las máximas virtudes, fuerte y leal, justo y valiente, prudente y templado, guerrero y culto... A pesar de la distancia que nos separa de su vida, conocemos con bastante exactitud su vida y obra. Mucha leyenda le rodea, pero, su figura ha sido estudiada con gran rigor por grandes especialistas, como Menéndez Pidal.

Gracias a estas personas, conocemos la personalidad del caballero burgalés, los hechos que hicieron sus días, su vida familiar, y hasta su caballo y espadas son por todos conocidos.

 
 

Durante muchos años nuestra Agencia de Viajes Reservas Burgos acompaña a innumerables visitantes en el descubrimiento de tan entrañables gestas, recorriendo paso a paso los lugares en donde todo ocurrió, dando buena cuenta también en el camino de un buen trago de vino y jugosas viandas que tradicionalmente se siguen preparando igual.

Los grupos de personas suelen ser numerosos y siempre deja recuerdos entrañables el compartir entre todos la dicha y la desdicha de tal insigne anfitrión. Recuerde que le organizamos todo lo necesario desde su origen, así que no debe preocuparse más que de llamarnos en un minuto.

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El Cantar del Cid encuentra en su interior toda la historia

 

Ni el mismísimo Cid podía imaginarse la trascendencia de su vida tras su muerte. Todos los juglares de los siglos posteriores a su muerte contarían en forma de cantares de gesta su vida y sus hazañas, así como también inventarían su leyenda.

Varios son los escritos sobre el Cid, pero destaca sobremanera el llamado Cantar de Mio Cid (nótese que no es Poema sino Cantar, ya que como letra de una canción ha de ser tomado y no texto de poema).

Así pues, El Cantar del Cid, es una canción recitada por los juglares de aquellos tiempos medievales. El texto que nos ha llegado, es una trascripción de un copista llamado Per Abbat en un manuscrito (del s. XIV, conservado en la Biblioteca Nacional). Aunque hay quien opina que pudiera ser el autor y no mero copista.

El manuscrito, al igual que su "primo" de La Chanson de Roland, no es de gran belleza y contiene varias faltas, algunas corregidas, esto es debido a una finalidad de uso por parte de los juglares y no para más altos menesteres.

 
   
   
 
Hemos preparado para los mas pequeños de la casa este singular Comic de Historia con heroe villanos y doncella y así poder comprender mejor que fueron de verdad en un tiempo y podemos hoy revivir sus hazañas allí donde vivieron, así por donde pasaron.
 
Deseamos que os guste.
 

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Hace muchísimos años, vivió en España un gran guerrero que se llamaba Rodrigo Díaz de Vivar, pero todo el mundo le conoce hoy como el Cid Campeador. En aquella época, los distintos reinos que componían España estaban siempre haciéndose la guerra para aumentar su extensión. Había reinos cristianos y reinos moros, pero por encima de todos ellos mandaba el Rey de Castilla y León, Fernando I.
 
En aquella época no había coches, ni trenes, ni aviones, los viajes se hacían caminando, o a burro o a caballo. Tampoco había televisión ni radio, ni periódicos ni cines.
 
La gente se enteraba de lo que ocurría gracias a las personas que viajaban de un sitio a otro, como los peregrinos, comerciantes, artistas de feria y, claro está, los juglares. Los juglares iban de pueblo en pueblo cantando versos que componían sobre los héroes de entonces y sobre sus proezas. Gracias a los juglares, la historia del Cid ha llegado hasta nosotros.
 
     
1: INFANCIA DE EL CID
2: EN LA CORTE DEL REY
3: CAMPEÓN DE CASTILLA

El Cid se quedó huérfano cuando apenas tenía siete años. Entonces un tío suyo dispuso que se educara en la corte.El Cid pasó su infancia en el castillo del rey Fernando I. Entre los niños con quienes se estaba educando estaban los hijos del Rey: Sancho, Alfonso, García.

Él se hizo amigo de Sancho, que era el mayor.

Todos ellos eran grandes guerreros. El Cid también acudió, aunque nadie le tomaba en serio.

El Cid montado en Babieca derribó a todos los jinetes que lucharon contra él. El campeón de Castilla era el joven Cid campeador. El padre del Cid era un noble hidalgo que murió en combate al servicio de su señor.

   
Aprendieron al mismo tiempo el manejo de las armas y eran más aventajados que los demás niños.Al cumplir los 15 años tenían derecho a elegir un caballo, el Cid eligió a uno flaco, llamado Babieca, que conservó toda su vida.Se convocó un gran torneo. Jinetes de todo el reino acudían a competir por el título de campeón, que el rey concedía a aquél que superara todas las pruebas.
   
 

 

         
 
4: MUERTE DEL REY FERNANDO I
 
5: JURAMENTO DE SANTA GADEA
 
6: VIDA DEL CID
 
 

Al morir el rey Fernando I repartió sus reinos entre sus hijos, cosa que no gustó nada a Sancho porque, durante siglos se había establecido que nunca fuese repartido el reino de España. Sancho se convertiría en el nuevo rey de Castilla, y nombró al Cid su lugarteniente.

El rey Sancho, no conforme con el reparto, quería unificar los reinos españoles, por lo que tuvo que luchar contra su hermano Alfonso.

   

Al poco tiempo el Cid se casó con la hija del Conde de Oviedo, nieta de Alfonso VI y biznieta de Alfonso V el 19 de Julio de 1074.

Toda la nobleza asistió a la boda.

Con el paso del tiempo, Alfonso VI fue reconquistando los territorios que poseían reyes moros. Estos, para vivir en paz, pagaban tributos al rey. El rey con sus hombres consiguió reconquistar muchas de estas tierras.

 
   

 

Un día, un caballero atravesó con una espada el pecho de Sancho, que murió.Aunque casi todos los castellanos sospechaban que Alfonso había tomado parte en la muerte de su hermano, nadie se atrevía a decírselo. Así, cuando todos los caballeros fueron a jurar fidelidad a Alfonso, el Cid antes de convertirse en vasallo suyo pidió al rey que jurara sobre los evangelios que no había tomado parte en la muerte de su hermano. Alfonso juró que era inocente.

   
 
7: DESTIERRO DEL CID
 
8: EXILIO DEL CID
 
9: FIN DEL DESTIERRO
 
 

Pasaron algunos años, Rodrigo destacaba y se daba a conocer como un gran guerrero, mientras que los favoritos de rey, a los que el Cid había derrotado en otros tiempos, iban tejiendo acusaciones contra él. Hasta que el rey llegó a creer que el Cid no le era fiel, entonces le desterró. Tenía que salir del reino de Castilla.

El Cid partió con sus hombres al exilio mientras su mujer y sus hijos se quedaban en el reino. En su destierro fue ayudando a reyes amigos en su lucha contra los moros, conquistando muchas tierras.

   

Ningún rey moro pagaba ya tributos al rey de Castilla. Ben Yusuf regresó a África.

Alfonso se encontraba en una situación complicada, se dio cuenta de que necesitaba al Cid y sus hombres para combatir contra los moros.

Al Cid y a su ejército no les había ido mal durante el destierro. Habían vencido en muchos combates, habían conquistado muchos territorios, eran ricos. Sin embargo, todos deseaban volver a reunirse con sus familiares y amigos en Castilla. Por lo que regresaron para ponerse al servicio del rey.

 
   

Sus aventuras corrían de boca en boca gracias a los juglares, siendo el más fuerte y poderoso de los guerreros.

Todo el mundo le llamaba Cid Campeador que significa en lengua de los moros, “Señor de las batallas”.

Los reyes árabes del sur de España estaban cansados de pagar impuestos al rey Alfonso. Pidieron ayuda a un gran caudillo árabe que contaba con un ejército poderoso, se llamaba Ben Yusuf. Después de muchas batallas, los moros comenzaron a ocupar las tierras que antes habían conquistado los cristianos.

 

 
             
9: LA ÚLTIMA BATALLA
 
 

Pasaron los años, el Cid vivía en Valencia, ciudad que gobernaba.

 
   
Quiso la mala suerte que una flecha alcanzara al Cid una mañana, cuando se asomaba entre las almenas a estudiar los movimientos del enemigo. El Cid calló herido de muerte.
   
Mientras el rey Alfonso sometía otra vez a los moros andaluces. Estos volvieron a pedir ayuda a Ben Yusuf. El caudillo árabe se dirigió a Valencia y la sitió. Toda la noche sonaron los tambores moros. En el interior de las murallas se preguntaba qué podían hacer sin su señor.
Cuando amaneció se abrieron las puertas de Valencia y por ellas salieron al galope todos los caballeros que había en la ciudad, con el Cid a la cabeza, pues sus hombres le habían vestido, ceñido sus armas, y montado el su Babieca.
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